Yo tambien hize el rito ..

Esto es lo que le pasó a la hermana de mi amiga en el politecnico.La escuela, el segundo hogar.(Se agradece la difusión) 
de Liza McCartney, el jueves, 13 de diciembre de 2012 a la(s) 13:50 · 


Nuestra familia tuvo implacables momentos de bienestar hasta aproximadamente mi adolescencia. El abrupto no fue por consecuencias de mis rebeldías, como se dá habitualmente y puede estar perfecto.  No tuve el tiempo ni el espacio para tener dieciséis años. Cuidaba a mi hermana de nueve años, la llevaba a la casa de mi tía donde nos turnábamos con ella para asistir a mi mama. Es decir, que ya no estaba en mi casa, y mi cama se convirtió en tres sillas juntas del sanatorio. No me arrepiento ni el último momento de vivir todo eso. Ella fue lo que más quise en el  mundo. Nos leíamos cuentos, memorizabamos algunos versículos y hasta escuchábamos su disco preferido de Lennon con los miniparlantes que le traía a la sala. Cierta hora, si ella ya no estaba dormida, me decía que duerma, porque mañana temprano tenía que ir a la escuela.
Madrugo, las enfermeras regalan un yogurt, tomo el colectivo y voy. Llego al politécnico, cabizbaja como siempre, para que nadie me vea, porque nadie te escucha ni te preguntan nada. Mientras todos saben lo que me pasa. Eso es, solo eso, un chisme dentro del colegio.
Dos años después que fallece mi madre, pido un permiso a la escuela para salir antes a buscar a mi hermana. El regente me dice con sorna: -Ahahah, Carelli. ¿Otra vez tenés que ir a buscar a tu hermana a la escuela? –Si, le respondo, mi papá está trabajando. – Ah, bueno, se ríe. Y luego me pregunta: ¿Y tu mamá no puede ir a buscarla? Me tiemblan las retinas y las palabras… Entonces trato se simplificar mi nerviosismo en un: No. Y tiene el atrevimiento de preguntarme ¿Por qué?  Porque falleció, le digo. Su cara burlona por tratarme como una ratera, cambia repentinamente a sentirse una bestia despiadada. Lo es, sin lugar a dudas.
 
Y esa fue toda mi contención dentro del Politécnico. Que un tipo, en mi último año en ese campo de concentración de pseudoñoños, me diga: ¡Uh, lo siento mucho! ¡Disculpame! Tomá, tomá tu permiso para salir 15 min antes. Hay un departamento de psicopedagogía en el colegio, al que siempre que fui a ver. Era limpio y ordenado pero jamás había una persona allí. Sólo te llaman de esa cabina si tenías problemas de conducta y notas bajas. Por lo tanto, nunca me llamaron de ese departamento. A pesar que cada vez  me carcomía más por dentro, ni siquiera podía mantener la atención, no quería saludar a nadie, y menos a los profesores a los que nunca les importaba si estaba llorando, durmiendo en un rincón del colegio, o leyendo a Kafka en mi regazo.