Egresados y futuros egresasos I.E.S.P. Cumbitara...

BALADA OLVIDO Cumbitara es un silencio suspensivo
Quebrado por el horizonte de pájaros y gallos,
Por la leche que emana la montaña,
Por el grillo en la serenata resplandeciente.
Y llegas entonces, con la edad que tuvimos,
Con los lugares que llenamos de gemidos,
De pasos, palabras, momentos ahora en la sombra.
Llegas trayendo tu desnudo oscuro
A esta página blanca con tu camisa blanca.
¿Dónde anduvimos? ¿Que ha pasado con esos lugares?
Devolvámonos a las ruinas que desde ahora duelen,
Al reloj que fue tan enemigo como el tiempo,
Al mismo sitio donde nadie borró tu espacio.
Yo quiero tu edad aquella, ahora, mi edad misma,
Cómo contarle a este domingo
Hechos de esos lugares donde sin testigos fuimos uno,
Untados de sudor y esperma, temores y besos,
Toda una turbulencia de desespero y angustia,
En esas casas vacías, en esos patios deshabitados,
En el rincón de una tarde de música y de canela.
Las fechas memorables que organizamos en la fiesta,
Las calles andadas bajo la luna de entonces,
La casa de Pasto para todo lo que fuimos,
Y allí tu geografía en la memoria de mis labios,
Sin medir el futuro que llegaría rompiéndolo todo,
Y el amor que nos amarró al fuego
Omitiendo heridas, cicatrizando vientos y veranos amargos.
Hoy, bajo la lluvia que canta en la ventana,
Nuestra habitación allá lejos, cerca al frío y al olvido,
Tu camisa blanca que cae y tus senos que se abren
Como jazmines, como rosas, tu piel oscura, tu beso,
Solos nosotros en una sola carne como campana
Golpeando la entraña en un orgasmo lejano,
Ahora solo página, solo borrón, solo pasado.
¡Cuanto tiempo desde aquellas estaciones!
Entonces, nunca dejamos de ser nosotros, existimos,
Y no pude borrarte, mi corazón no te pierde,
Amor mío, sin embargo, tanto camino,
Tantas tardes, besos, manos, palabras, puertas, adioses,
Todos los cuerpos por donde pasamos tatuando rastros,
Y no existe olvido a pesar de sumergirte en historias halladas,
Y lechos, y noches, y sueños, y nuestras manos juntas,
Y puertos donde llegamos siempre a pesar de la distancia.
Hemos cambiado entonces, han caído los odios.
Yo que anduve por tu cuerpo cuando perfecta fuiste amapola,
Ahora pasa que no acepto la caída del tiempo,
El pétalo marchito, los ojos cansados, los pasos vencidos.
Hemos cambiado de traje, traemos desgastadas las palabras,
Otros nombres entraron a germinar vanamente en la floresta,
El altar donde fuiste divinidad eternamente ataviada de claveles.
Ahora ¿Para qué sufrimos? ¿Para qué el dolor que inventamos?
¿Ya no me reconoces? ¿Olvidaste mi canto, mi verso,
Mi mano que te guió, mis ojos que endulzaste?
Entonces, ahora soy el mismo, el amor no me ha sufrido.
Amor, amor mío, todavía,
Vienes luminosa con la ropa de ese tiempo, la voz que me llamó,
Los labios besados, las manos que amé, tu nombre adorado,
La misma camisa ahora ultrajada por el tiempo. EDUARDO BUENAVENTURA ORBES